25 de julio de 2017, Día de las mujeres Afrolatinas, Afrocaribeñas y Afrodiaspóricas

En este día de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la diáspora, desde el Proceso de Comunidades Negras (PCN) extendemos un abrazo solidario, fuerte y tierno a las niñas, jovenes y mujeres negras, Afrolatinas, Afrocaribeñas y Afrodiaspóricas, especialmente a nuestras compañeras Tulia Maris Quiñonez Valencia y Sara Liliana Quiñones Valencia, secuestradas por la operación racial de la in-justicia del Estado Colombiano, desde hace más de 180 días.

En nuestro corazón, conmemoramos los esfuerzos cotidianos por trasegar, por inventar y reinventar caminos propios y certeros, para que las violencias basadas en género y las relaciones de superioridad o menosprecio, no hagan parte de nuestro proyecto político de seguir siendo Pueblo Negro.

En este día, conmemoramos a nuestras ancestras, a quienes pedimos interceder por la protección y cuidado de nuestros cuerpos y espiritus, los cuerpos de las mujeres que trabajan en el servicio doméstico, aquellas que trabajan sindicalizadas o no; a nuestras hermanas docentes que hoy se movilizan en las capitales del país, a nuestras compañeras que rebuscan en las calles a través de la venta informal; a quienes buscan oro con batea y almocafre, a aquellas que hacen parte del sector público y privado y que tienen plena consciencia de su identidad étnico-racial, a nuestras hermanas que con economía propia, siembran con sus manos la tierra, y nos proveen alimentos libres de mercurio y agrotóxicos; a las hermanas que son víctimas de cualquier tipo de violencia, especialmente la sexual; a las hermanas que combaten el genocidio del pueblo negro en Colombia, en Haiti, en Brasil, en los Estados Unidos; organizadas y no organizadas, que enfrentan el racismo en las más crudas de sus expresiones. A aquellas que no han sido nombradas, pero cuya lucha no es olvidada

A nuestras hermanas que permanecen en constante oración y cuidado espiritual, quienes nos brindan fuerzas para resistir y seguir luchando por alcanzar condiciones de vida digna para nuestras comunidades, servicios básicos, alimentos sanos, una educación que no nos extermine y que reconozca nuestro aporte social y cultural en la construcción de la Nación, una salud que no nos deje morir, y unos territorios en donde nuestras voces canten a la vida y a la alegría.

Un agradecimiento profundo a todas y cada una de las Mujeres Negras, Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la diáspora, que con sus obras y sentipensares, cuidan de sí mismas y extienden su capacidad creativa desde el corazón.

Hermanas, la historia de la supremacía se ha esforzado por colocarnos en un lugar de subordinación, de tapete y ropa de trabajo, ha pretendido ordenar nuestras vidas diciéndonos cómo hacer y actuar, cómo decidir y opinar, cómo amar y gozar de nuestro cuerpo, cómo cuidar de nuestra vida. La historia propia, esa que cuentan las abuelas, nuestras ancestras y mayores, dice que nuestras vidas importan, que un pueblo fuerte requiere de mujeres fuertes, pero no de la fuerza que soporta los látigos, si no de la fuerza de quien se prepara para romper las ideas que justifiquen, naturalicen y normalicen que un brazo azote.

Nuestras vidas importan, celebrémoslas cuidándonos y rodeándonos entre nosotras. Nos necesitamos vivas, nos necesitamos juntas. La verdad es que nadie esperaba que sobreviviéramos, pero aquí estamos, nos levantamos y seguimos de pie, paradas en la raya a pesar del temor que nos produce llegar a perder la dignidad, e incluso la vida, gracias a los juicios que emiten quienes sólo siembran odio, quienes creen que las víctimas puedan ser cómplices, o culpables del dispositivo opresor que las tacha, las señala, y que invalida sus voces y experiencias. Acompañamos también a aquellas compañeras que simplemente, no se han dado cuenta de la importancia de nuestras luchas, porque marchamos con la sororidad como bandera.

Celebremos, conmemoremos, levantemos nuestras voces por los avances, por los logros y los obstáculos de nuestras luchas, también por esos temores y dolores que nos han dañado y quebrado como personas y como comunidad, esos que nos han impedido tomar decisiones vitales para alcanzar nuestra libertad como pueblo.

National Coordination Team

Process of Black Communities in Colombia – PCN

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